Jugar, jugar y jugar. ¿Qué aprenden los niños en la Escuela Infantil de Noruega? #Barnehage

La Escuela Infantil de Noruega, conocida como Barnehage (Jardín de niños) se caracteriza por ser un lugar para jugar, divertirse y disfrutar. Los horarios flexibles, la libertad de acción y movimiento así como la cantidad de horas que pasan jugando al aire libre son las cosas que más destacan de ella. ¿Aprenden los niños en el Barnehage? ¿De verdad se pasan el día jugando? ¿Están los padres de acuerdo con todo esto? ¿Hay libros en una Escuela infantil de Noruega? Bien, antes de responder a todas estas preguntas es importante situarnos.

 ¿Cómo es un día normal en el Barnehage?

Un día en el Barnehage empieza entre las 7:30 y las 8:30 aproximadamente, desde que se abren las puertas hasta que han llegado todos los niños hay una enorme franja ya que los padres pueden traer a los niños cuando mejor les venga. Una vez van llegando los niños, se les va dando la bienvenida y van a la ventana a decir adiós a sus padres con la mano. A partir de ahí, pueden empezar a jugar a lo que quieran. Sobre las 8:15, es la hora de desayunar, todos los niños que no han desayunado en casa se sientan a desayunar en la mesa y los que no van a desayunar pueden continuar jugando, pero, esta vez, a algún juego tranquilo o actividad de mesa (pintar, jugar a Lego, perle…)

Un rato tranquilo haciendo “perle” o hama beads

Tras el desayuno, vuelven a jugar, una vez más, a lo que quieran, y continúan jugando hasta las 11:30-12, momento en el que los reunimos en el sofá, cantan el “himno de ordenar”, ordenan todos los juguetes y vuelven a sentarse para hacer una asamblea, ir al baño y sentarse a comer.

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Jugando a Lego

Después de comer la rutina suele ser ir de nuevo al baño, vestirse y salir a jugar fuera hasta que los padres los recojan, que una vez más, es flexible. A las tres se hace una pausa para sentarse a comer la fruta (Cada niño trae una fruta cada día, un adulto las corta y se juntan todas en una bandeja para que todos puedan disfrutarlas) y, tras la fruta, siguen jugando hasta que les recogen.

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Jugando al aire libre

Entonces, ¿No hay clase? ¿Y las fichas? ¿Cómo aprenden?

Como veis, se pasan todo el día jugando. Esto puede parecer chocante al pensar que no sólo los niños de 1 a 3 años tienen esta libertad sino también los niños de 3 a 6 años la tienen (de hecho, en mi Barnehage, por ser pequeño, todos los niños están juntos en un mismo grupo).

Durante estos meses he estado observando mucho, qué hacen, cómo lo hacen, de qué hablan los niños, cuál es la función del adulto en el Barnehage. Me he dado cuenta de que los más mayores son capaces de escribir su nombre, distinguir las letras, contar e incluso sumar y restar. Son capaces de argumentar, reflexionar, crear, y, además tienen un especial cuidado ante los niños pequeños. Todo esto lo han aprendido jugando, eligiendo, relacionándose. Que los niños aprenden jugando es algo que se escucha mucho, se está volviendo cada vez más popular especialmente en Internet, en el mundo de los blogs y las redes sociales, pero la realidad en las aulas todavía es muy diferente. Las fichas, los libros y las actividades dirigidas son la norma general en la mayoría de aulas de Infantil, e incluso fuera de ellas. ¿Cuántos cumpleaños se organizan hoy en día con un animador? ¿Acaso los niños ya no saben jugar solos?

spille

Jugando a juegos de mesa en el Barnehage

En Noruega utilizan dos palabras diferentes para el concepto jugar. Å leke significa jugar. Jugar en el más puro significado, jugar por el mero placer de jugar, de crear, de imaginar, de divertirse. En cambio, å spille significa también jugar, pero en un sentido dirigido, un juego de mesa, un juego deportivo o, en definitiva, cualquier juego que tenga unas normas. No tiene porqué ser menos divertido, pero en algún modo, podemos decir que no es tan libre y puro. Al explicar a mis compañeras o amigos noruegos lo que hacemos en España, tiendo a explicar que en cuanto al tiempo de juego, solemos jugar en el modo “spille, es decir, de un modo más dirigido, con objetivos claros a cumplir. Esto me ha hecho reflexionar sobre el porqué ocurre esto y me hace plantearme si no confiamos suficiente en esta libertad.

¿Tenemos miedo al juego libre?

El juego libre se plantea como una actividad desorganizada, en la que el niño escogerá qué hacer, de qué manera y en qué momento o hasta qué momento. Esto, como maestros o tal vez incluso como padres o madres puede hacer que surjan muchas dudas acerca de hasta qué punto esto es beneficioso para el niño. Es evidente que jugar le produce diversión y esto es innegablemente positivo, pero en cuanto al aprendizaje… ¿es esto suficiente? Las dudas de hasta qué punto aprenderán los niños, qué cosas pueden aprender por sí mismos o qué otras cosas deberemos dirigir, cómo lo aprenden, y, sobre todo, cómo podemos estar seguros de que todos lo logran, son las que considero más fuertes y en las que yo misma me he planteado si el juego libre debería tener un amplio lugar en las Escuelas infantiles o debería ser una tarea para casa.

Sin embargo, trabajando aquí he podido darme cuenta de que verdaderamente a través del juego libre, en el más puro significado de la palabra jugar, se aprende, pero no sólo eso, sino que se aprende MUCHO. Mucho en mayúsculas, sí. El juego libre ofrece al niño infinitas posibilidades.

En el juego libre, los niños se enfrentan a muchas situaciones en las que necesitan utilizar conceptos, desde números y letras hasta argumentos, decisiones o movimientos. El aprendizaje ocurre de manera global durante el tiempo de juego. El niño ha de aprender a relacionarse con sus iguales, a respetar al prójimo así como a respetarse a sí mismo. Y es, en este momento donde el adulto tiene un papel crucial. Podré un ejemplo.

Jugando a coches en la alfombra, un niño tiene un coche rojo. Llega otro y se lo quita. ¿Qué ocurre? De normal ocurren dos opciones:

– El niño al que le han robado el coche llora y el otro juega feliz.
– Se pelean
Es en este punto donde el adulto puede intervenir, decir al niño 1 que debe decir que no al compañero que intenta quitarle el coche y, asimismo, decir al niño 2 que debe pedir prestado el juguete que desea si otro niño lo está usando o plantearle por qué cree que su amigo llora y si cree que está contento por ello. De esta manera, generamos una conversación en la que los niños, con ayuda de un adulto las primeras veces, aprenderán a resolver conflictos de una manera razonada y educada. 

Al surgir infinitas situaciones como esta, el adulto ha de estar atento y saber intervenir. De poco sirve devolver el juguete al primer niño sin argumento al igual que de poco sirve un simple “pídele perdón”. Existen multitud de situaciones donde encuentro aprendizaje en los niños al jugar. No sólo a nivel social, sino en cualquier aspecto. Desde las construcciones hasta el juego simbólico e incluso al saltar en la sala de saltos donde aparentemente sólo escalan y hacen el bruto saltando en las colchonetas. Aquí, por ejemplo, a parte de trabajar la motricidad gruesa (esencial a lo largo de la vida y en especial en las primeras etapas) se aprende a convivir, a respetar los turnos, a cuidar del compañero y se potencia el auto control entre otras cosas.

Por supuesto no faltan los juegos de mesa, puzzles, colores para pintar y muchas otras opciones que los niños pueden escoger indistintamente, siendo todas igual de válidas y todas igual de importantes.

Entonces, ¿qué hace el maestro?

El maestro, o mejor dicho, maestros (ya que somos por lo general 4 en el grupo) en el barnehage noruego se denominan adultosEsto es algo en lo que me podría extender mucho pero para mí tiene un único sentido y es que no sólo maestros trabajan en el Barnehage. También asistentes, por ejemplo, y en las horas de trabajo el maestro, el director y el asistente han de tener la misma función. De cara a los niños no existen jerarquías, todos somos iguales y somos un equipo, por ello nos denominamos, sencillamente, adultos. 

Bajo mi punto de vista en el Barnehage noruego el adulto ha de dar un paso atrás y mantener los ojos más abiertos que nunca. Al tener el niño tanta libertad durante la mayoría del tiempo, el adulto o maestro no tiene una función clara en la que ha de enseñar a un alumno que aprende inmóvil. El maestro es verdaderamente un soporte, una ayuda, aquel que interviene lo menos posible pero siempre que sea necesario. Aquel que te tiende una mano o tal vez sugiera algo nuevo que hacer a aquel niño que ha pasado toda la semana jugando a lo mismo.

Para mi, tras mi idea de ser maestra en España, esto supone no sólo un reto, al muchas veces no saber qué hacer y tener la sensación de que observar no es suficiente, sino que supone la tarea de eliminar tu ego (por decirlo de algún modo) y dejar que verdaderamente sea el niño quien dirige el transcurso del día y no tú como adulto o maestro. Sin embargo, esto no supone un no hacer nada y tener un día de lo más tranquilo, sino todo lo contrario. Y aquí la gran razón para una ratio tan pequeña. La libertad provoca infinitas situaciones. Las diferencias de edad, ya que suele ser un grupo de 3 a 6 años (o incluso de 0 a 6), al igual que provocan infinitas situaciones de aprendizaje, provocan mayores riesgos e infinidad de momentos en los que debes estar atento y siempre preparado para intervenir. En caso de ser un único adulto, esto se complicaría especialmente.

jugando

¿Dónde jugamos hoy? ¡Debajo de las mesas!

Así pues, sí. El juego en Noruega es un esencial para los niños, es su derecho y arrebatárselo sería considerado como un acto negativo. Como muestra de ello, en la reunión de padres que tuvimos a principio de curso, la directora comentó a los padres que los niños tenían durante la asamblea y en algunos grupos de actividad (de los que hablaré en otras entradas) algunos aprendizajes de matemáticas o lecto-escritura pero ella misma todo el tiempo lo justificaba ante los padres como que esto se hacia de manera divertida y nunca como una obligación, ya que no era su objetivo que los niños aprendiesen sino un incentivo.

Con todo, me gustaría dar paso a la reflexión y estaré encantada de leer vuestras opiniones y experiencias en los comentarios. ¿Se juega suficiente en España? ¿Creéis, como yo, que tenemos miedo en España al juego libre? ¿Se podría aplicar el juego libre de manera rutinaria en las aulas de España? ¿Qué os parece este sistema? ¿Se juega demasiado en Noruega?

Nos leemos en los comentarios y pronto en nuevas entradas!

¡Hasta pronto!

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2 comentarios en “Jugar, jugar y jugar. ¿Qué aprenden los niños en la Escuela Infantil de Noruega? #Barnehage

  1. dakotacotado dijo:

    Precioso artículo, gracias por escribirlo.
    Me ha emocionado comprobar cuanto se parece lo que describes a lo que hacemos nosotros en Dos Latidos (www.doslatidos.org), un Espacio Activo, Vivencial y de aprendizaje autorregulado por los niños ubicado en Madrid. Y desde esta, nuestra experiencia, puedo afirmar que esta forma de acompañar a los niños funciona, ¡y de qué manera tan mágica! Los niños y niñas crecen felices, sea cual se su edad, jugando y creciendo en libertad, con normas que nos ayudan a tenernos en cuenta y a favorecer una convivencia sana, con limites que nos protegen de los peligros y con la total confianza en que los niños saben mejor que nadie, mucho mejor que los adultos que les acompañamos, lo que necesitan aprender y experimentar en cada momento. Esto es lo que yo creo que más falla en el sistema educativo tradicional: pensar que los adultos sabemos mejor que los niños lo que necesitan…

    ¡Cuanto me gustaría conocer en persona la experiencia de esta escuela noruega! A lo mejor podemos organizar un espacio de intercambio de experiencias 🙂

    Un fuerte abrazo
    Marigú

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