Opinión

Carta a los Reyes Magos de una maestra en Noruega.

Queridos Reyes Magos, ya sé que vosotros no venís hasta Noruega, pero aún así, me gustaría que me leyeseis, pues lo que os quiero pedir, podéis dejarlo en España.

Primero me voy a presentar. Soy Miriam, tengo 26 años y hace 4 años me vine a vivir a Noruega. Resulta que soy maestra de Educación Infantil y al terminar la carrera vi bastante complicado encontrar trabajo y además tenía bastante curiosidad por conocer la vida y la educación en otros sitios, así que decidí irme para un año junto a mi pareja. Como es la vida que lo que iba a ser un año se ha convertido en 4 (y sumando).

Bien. No os voy a pedir una plaza en Valencia, ni un trabajo allí, pues eso os lo pedí en año pasado y no me lo trajisteis, así que ya me ha quedado claro que esto tendré que conseguirlo sin vuestra ayuda (algún día…). Espero que este año me hagáis un poco de caso y traigáis algo de lo que os voy a pedir, pues ni siquiera es para mi.

Este año os pido tiempo, ganas y cambios.

Tiempo para que los niños y niñas en España puedan jugar. Jugar en el cole. Jugar en casa. Jugar en la calle. Jugar en el parque. Jugar en el campo. Jugar por jugar, de manera libre, sin planear. Jugar sin juzgar. Jugar sin límites. Jugar sin imposición. Jugar por el hecho de disfrutar del juego. Jugar a lo que quieran. Jugar aunque los adultos no sepan exactamente qué van a aprender con ese juego. Jugar sin prisas.
Jugar porque sí.

Jugar. Como sea. Pero jugar.

Ganas de los adultos, ya sean maestros, madres, tíos, abuelas, profesores, monitoras, vecinos… Ganas de dejar crecer. Ganas de ofrecer ese tiempo de juego. Ganas de dejar vivir, sin juzgar. Ganas de dejar de etiquetar. Ganas de tratar a los niños como personas, como iguales. Ganas de conversar, sin poner palabras en boca del niño antes de darle tiempo de responder. Ganas de escuchar, aunque lo que nos cuenten no nos parezca tan importante. Ganas de jugar. Ganas de dejar jugar sin meternos por medio. Ganas de transformar los espacios para crear nuevas posibilidades de juego. Ganas de apartarse y dejar de planear todo el tiempo. Ganas de ver, de observar. Ganas de conocer, de prestar atención. Ganas de cambiar. Ganas de defender los derechos de los niños. Ganas de luchar por el tiempo de juego. Ganas de salir al exterior haga el tiempo que haga. Ganas de salir a la naturaleza con la mayor frecuencia posible. Ganas de disfrutar la infancia y darle el tiempo que necesita. Ganas de que los niños sean niños y no maquinas o pequeños adultos. Ganas de respetar.

Ganas de transformar.

Y por último cambios. Cambios pequeños y grandes. Cambios de actitud, que se provocarán con las ganas. Cambios en las programaciones que dejen huecos para el juego, la improvisación. Cambios en el aula, que resten importancia a los pupitres y dejen sitio a las alfombras, los cojines y las mantas. Cambios en el patio del cole, que resten espacio al cemento al que solemos llamar campo de fútbol y den paso a la arena, los troncos y las cabañas. Cambios en los horarios, que multipliquen esos 30 minutos de patio por 2 o por 3. Cambios en la cultura de esconderse de la lluvia y del frío. Cambios en las listas de material. Menos folios y libros y más ropa cómoda y adecuada para jugar dentro y fuera. Cambios en la forma de hablar y comunicarnos con los niños y niñas. Cambiar el miedo a lo desconocido por pasión. Cambiar las fichas, los cuadernillos y los libros por juego, excursiones y tiempo al aire libre. Cambiar los deberes por juego. Cambiar… Cambiar lo que tengamos que cambiar, para ofrecer lo que sabemos que debemos ofrecer.

Cambios en las aulas

No pido tanto. Y a la vez pido tanto… Queridos Reyes Magos, por favor. Escuchadme, pues si traéis aunque sea la mitad de todo lo que os pido ya será mejor que todos los juguetes que lleváis con vosotros para repartir este noche.

Un fuerte abrazo desde Noruega,

Miriam

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7 comentarios en “Carta a los Reyes Magos de una maestra en Noruega.”

  1. He trabajado treinta años en educación cero tres u estoy totalmente de acuerdo Contigo yo añadiría potenciar la autonomía, y la autoestima. U otro gallo nos cantaría en España.

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